El futuro de la inmersión
Tu casa
tiene una bañera pequeña, en la que apenas cabemos.
A los dos
nos gusta bañarnos. A mí me encanta hacerlo contigo y a ti
te gusta
más sumergirte en solitario y que yo
te admire
desde el borde como el niño
que no sabe
nadar y se queda observando la piscina con ojos de infinita envidia.
A pesar de
que lo sé, al igual que conozco
el número
de pie que calzas, y al igual que podría
adivinar
tus pulsaciones por minuto en cualquier momento
con un
intervalo de confianza del noventa y cinco por ciento,
a veces
consigo que me abras la puerta del batiscafo y partimos hacia el
fondo.
En realidad
no sé bañarme como tu lo haces,
pero eso es
material para un poema más allá del horario infantil.
Yo disimulo
y te sigo aunque me entre agua en los pulmones de camino
a la
Atlántida de porcelana y tapón de caucho.
Una vez
allí, soñamos.
Soñamos
todo lo que se puede soñar con las rodillas mal dobladas.
Soñamos
que un día podremos
tener una
bañera más grande, en la que gastar más agua y más gel,
y que el
gel tendrá una marca que no sea blanca, y que además
podremos
leer, ver la televisión, establecer conexiones vía satélite
con el otro
lado del mundo.
Soñamos
con bañeras de pies de león y con palabras
tan
extranjeras al paladar
como
jofaina y aguamanil.
No nos
besamos, porque no hemos encontrado aún la combinación de piezas
de Tetris
que, aplicada a nuestros cuerpos, nos permita hacerlo.
Pero reímos
y soñamos con mares en el cuarto de baño y con hilo musical
en vez del
eléctrico radiocasete que nos hace las veces de momento.
Hasta que
eso llegue, nos basta la mitad de agua para los dos, y
ninguno se
queja de que no quede espacio para un pato de goma cuando
entro en erección ocupando el poco espacio que queda entre nuestros cuerpos.
entro en erección ocupando el poco espacio que queda entre nuestros cuerpos.
La bañera
es nuestro presente.
El futuro
de la bañera está en la cama, y no va más allá de la siguiente
media hora,
pasando
entre medias por una inmersión
que mis
labios sí que controlan de sobra.
Comentarios
tan extranjeras al paladar
como jofaina y aguamanil...
Porque se cumpla!
Y porque sigas escribiendo. Da gusto leerte!
Un saludo!